lunes, 1 de marzo de 2010

Pinceladas.

ROBERTO MACCIÓ PINCELADAS Cuando Ramón se puso en marcha con su viejo y alicaído 504 dedujo, dándole una mirada al marcador de la nafta que, sino paraba en una estación de servicios, sólo por milagro arribaría a su destino. Debió ser por eso que no se conmovió demasiado cuando el motor se entrecortó y se puso a toser faltándole dos kilómetros todavía para llegar. El combustible se había acabado. Conocía profundamente esa amarga sensación, la había padecido muchas, pero muchas veces... tantas, que para él, llevar un bidón en el baúl se había convertido en una costumbre necesaria. Buscó un lugar parejo de la banquina para estacionar, mientras su rostro dibujaba una triste sonrisa pensando que a solo mil metros había dejado una estación... menos de un minuto en coche... Pero lo trágico, por así nombrarlo, era que cuando pasó frente a ella se vio tentado a entrar y cargar un poco, pero creyó en su estrella... Ramón Peralta todavía confiaba en su ventura, a pesar de su presente. Bajo del auto y buscó en sus bolsillos el único papel de diez que llevaba; seis pesos serían para la nafta y un paquete chico de cigarrillos, con el resto tendría que cenar esa noche si no cobraba su deuda. Se subió el cierre de la campera de naylón hasta el cuello y emprendió la marcha hacia el puerto con el recipiente para el combustible en su mano derecha. Cargaría en la estación de la costanera, que si bien quedaba más lejos, estaba a pocas cuadras de la cantina donde debía encontrarse con Aurelio. Ya había decidido su suerte. Iba ladeando la ruta, tratando de no mojarse con los pastos todavía húmedos por el chaparrón de ese mediodía, el único par de mocasines mostrable que le quedaba. Caminaba pensando en Paulo, su primogénito, que ese viernes próximo cumpliría diecisiete años... "faltan sólo cinco días para el viernes", se repitió tres o cuatro veces como queriendo grabarse la fecha... luego trató de recordar la última vez que lo había visto... "Ya pasaron seis meses " se dijo a si mismo con voz melancólica, y mientras pronunciaba la frase un escalofrío le recorrió su entumecido cuerpo... "Con parte de la plata que me debe Aurelio le voy a comprar un buen pantalón y un par de zapatos, ese pibe necesita zapatos, ese pibe necesita zapatos... yo a su edad no podía andar si no tenía mis mocasines... estos en cambio todo el día con zapatillas, yo odio las zapatillas". "Cuanto podré gastar,... diez o doce en el pantalón,... porque no voy a comprar de marca. Eso es para los giles,... los lompas son todos iguales, pero algunos tarados se compran los de onda para aparentar... manga de pelotudos. Y en tamangos otro diez o quince... o un poco más... pero no más de veinte, un medio pelo, total, si solo los va a usar para salir a bailar...". Ramón caminaba acobijando sus manos en los bolsillos del gastado jeen, y el bidón le colgaba de la muñeca como una bolsa de mandados. El viento sudeste pegaba de frente, y por mas que agachara su cara, hasta clavarse el mentón en el medio del pecho, sentía como el frío le iba helando, su piel tostada ya curtidas por otros vientos. Evocó entonces la noche más fría de toda su historia, que sin ningún lugar a dudas, había sido aquella a los veinte años, cuando fue a cazar con su otrora amigos Julio y Ricardo, "Que noche de mierda", dijo dos veces mientras volvían al presente esos recuerdos. "Casi nos congelamos en ese auto con Ricardo,... me acuerdo y me da mas frío... si Julio hubiese tardado unas horas más nos encuentra duros como a estatuas ¡Que boludos...!. también, a quien se le ocurre salir a cazar con cinco grados bajo cero, y así nomás, sin nada de equipo... dos escopetas, balas, unos atados de pucho y chau... si ni guita llevábamos, que inconscientes. Pero que lindo... que época, joda mañana, tarde y noche,... nosotros si que la vivimos,... Parece mentira que haya pasado tanto tiempo,... que todo ese mundo este tan lejos,... ¿Cuánto...? ¿Veinte...". No... ¡Veintitrés!; Ya veintitrés años,... que rápido me pasa la vida carajo". "El tiempo me va corroyendo sin hacérmelo notar, y yo lo dejo hacer porque hace años que estoy como estancado. Pero la culpa no es del todo mía, la mayor parte la tiene ese ejército de señores vulgares que me rodea y me abruma con sus pensamientos y actitudes mediocres. Sin ir mas lejos el jodido de mi vecino que cree que lo mejor que le puede pasar mañana es estar vivo para poder cobrar los intereses de sus préstamos... el muy tarado piensa que ahí empieza y termina la cosa. O mi primo Eugenio que está convencido que Dios lo castiga desde hace una eternidad vaya a saber uno porque,... pobre idólatra, lo único que aspira es ganar un pedazo de cielo y para ello aguarda compungido la hora de su muerte, creyéndola como señal inequívoca del final de sus días... el tonto no se dio cuenta que ya murió hace tiempo...". "La mayoría de los hombres que conozco se parecen a ellos,.. hipócritas, miedosos y mediocres,... equilibradamente mediocres. Seres limitados por temor a descubrir el interior de su espíritu y confundidos, muchas veces deliberadamente, por las luces de neón que destellan sus ídolos; tan falsas como ellos...". "¿Cómo se hace para zafar de esta máquina devoradora de destinos llamada convivencia,... que cuando te atrapa te condena a ser igual a tu vecino o primo?. Entonces hay que resolver los mismos problemas, y hablar de los mismos temas frívolos y fugaces, y como masa consumir los triviales programas de T.V., y fogositarnos por tener un microondas y una computadora, al pedo pero tenerlas,... ¿Cómo se hace para zafar sin que te castiguen por ser distintos...?. "Siento que me muevo en un lodazal que me tiene atrapado y no sé como despejar,... me siento distinto a ellos, pero comparto su mismo lodazal,... Entonces, ¿Cuál es la diferencia? En definitiva vivo como ellos pero pienso distinto,... entonces me cago en la diferencia, mi ultrajada ganas de vivir contra sus miedos y limitaciones es una lucha despareja. A la larga todos terminan por condenarme, siempre pasa igual, cada vez que preguntan: ¿Y usted a que se dedica? Entiendo la fuerza despiadada del interrogatorio". "A ellos le importa saber quien sos, que haces, cuanto ganas y cuanto gastas; a pocos le interesa si sos buena o mala persona, ahora te descriminan por los gastos que haces y el tipo de tarjeta que usas." " Queres saber a que me dedico boludo, soy artista y me la banco. Y aunque de a ratos me revuelque en el mismo chiquero que vos, soy diferente". "Cuando a veces creo que el dinero puede ser una escapatoria saludable para mi problema mundano, se me aturden las ideas. Me acobarda el solo hecho de pensar en tener que levantarme para obtener lo que menos le interesa a mi intelecto. Esta incertidumbre es inspiración suficiente para formar una paradoja sin límites en mi cabeza... claro que podría darle otra categoría para no ver descalificados en demasía mis valores, y entonces llamaría cinismo, impotencia o mediocridad,... Pero que le voy a hacer, alguna vez me quisieron enseñar a respetar la guita y por suerte no aprendí,...¿Cómo fue que me dijo aquel turro de la galería cuando quise exponer?: A si..., Sin plata no existís pibe, no sos nadie,... Viejo forro, lo peor es que hay ratos en que me invade la sensación amarga de creer que tenía razón". "Porque mira que me resisto hermano, pero no hay caso, cuando abrís la boca y decís que sos artista o querés serlo, sonaste, ya no sos nada, o peor, te preguntan de que trabajas, como si el arte fuera un juego o un hobby, un pasatiempo para el hombre de hoy... Para la gran mayoría de consumidores solo existe aquel que produce ganancias: la vida para todos ellos es un gran mercado y el arte no cotiza en esta bolsa de valores, salvo que seas importante y dejes dividendos, claro que confunden importante con famoso... entonces siempre todo esta mal". La figura de Ramón gesticulando, avanzaba con un paso rápido por la carretera que unía la ciudad con la costa. Solo le restaban unos ochocientos metros para llegar a la estación, había decidido dejar allí el bidón y seguir camino. A su regreso, después de verse con Aurelio, lo pasaría a retirar. "Primero voy a pasar a cobrar... Porque lo primero es lo primero, como decía mi abuelo. Que frase tonta... ¿Y, si ? , lo primero es lo primero y lo segundo es lo segundo y... lo último es lo último... quien habrá sido el bocho que la inventó. Citando esta clase de premisas me voy a volver tarado, más de lo que estoy". "Espero que el loco me haya juntado toda la plata, o por lo menos cien,... treinta para Paulo y veinte para el auto; sino le cambio el aceite y el filtro, lo voy a hacer pelota. Con los otros cincuenta tiro hasta fin de mes... hoy es veinticinco, así que para cobrar la renta faltan ocho días, cincuenta dividido ocho, unos seis mangos,... medio corto,... mejor no le cambio el aceite,... le agrego y chau,... hasta que cobre,... en vez de cincuenta son sesenta,... ya va teniendo más color. La cagada es que le tengo que pagar los materiales al tano,... ¿Cuánto era ? ¿Qué me mandó la semana pasada ?. Ha, los pinceles finos y como veinte pomos... algo de guita le voy a tener que tirar... más ahora que me prometió colocarme dos o tres retratos en la nueva galería. Por lo menos quince pesos... cuando cobre le junto lo demás... Que bolonqui. Y si le mando ahora los zapatos, o mejor el pantalón y después lo otro... Pobre hijo, cada vez le debo más cosas... y bue, cuando venga la buena me pongo al día. El me entiende... esa guita que me sobra se la doy al mayorista". En la estación de servicios compró un atado de cigarrillos de diez y dejó el bidón en la playa de estacionamiento. Luego entro al baño para evacuar la cerveza del mediodía y acomodarse un poco sus largas crines. Al salir miró el reloj, eran las seis y veinte, así que apuró su tranco para no llegar tan tarde a la cafetería de la cantina. A Aurelio lo divisó en una mesa del fondo cuando cruzaba la calle costanera. No le fue difícil ubicarlo, eran pocos los parroquianos que frecuentaban los bares de la playa en pleno invierno. Otra vez se acordó de Ricardo y Julio sus amigos de andanzas. Recordó como en un flash, cuando los tres se emborracharon un fin de año en esa cantina. "En pedo y todo, esa noche fue cuando me levanté a la flaca Alicia... que linda pendeja... media putita... pero buena piba. Que habrá sido de la flaca... ¿Le seguirá gustando la joda ? No. Seguro que no... Quien te dice que ahora sea una mina conservadora, de buenas costumbres y medio puritana... Y capaz que si tiene una hija hasta le prohibe salir de noche o tener novio. Porque es así, las viejas que se la dan de ascéticas son las que más se revolcaron de pendejas... Y la flaca sí que se revolcó... si casi se reventó a toda la barra... La flaca Alicia carajo. ¡Flor de piba, hermosa atorranta!". Hola... ¿Hace mucho que esperas?.- No... algo. ¿Que te pasó...?.- El auto, no sé que mierda tiene... se quedó sin nafta... pero le eché ayer...- Si, ¿Pero cuánto...?. Porque si le pones diez, y andas todo el día.- No, le puse veinte pesos y casi no lo moví. Para mí que pierde el tanque.- Puede ser... ¿Y ahora dónde está? -. Lo deje en la ruta casi a un kilómetro - Bueno, vamos a traerlo... ¿O queres tomar algo primero? - Ramón se sintió confundido ante aquella pregunta. El había ido a cobrar una deuda y a charlar un rato café por medio... se podía decir que en realidad su intención era tomar un café con un amigo y de paso, cobrar unos pesos que éste le debía... ¿Que le pasaba al yugoslavo? Se notaba que él tenía todos los días a la mujer y a los hijos cerca, y se despertaba rodeado de personas queridas, y podía compartir, si así lo deseaba, el sagrado ritual del desayuno... él podía hablar con alguien en su casa... Uno en cambio cuando esta sólo, se acuesta y se levanta conversando con su espíritu. En silencio, sin mover los labios... Después... después me llevas.- Realmente necesitaba tener un diálogo coherente o al menos armonioso con otra persona. Su alma no se lo pedía a gritos sino susurrando... porque la soledad de sus días se estaba tornando insoportable en ese invierno. Desde su separación con Yolanda, "su mezquina suerte", como a él le gustaba llamarla, no encontraba un rumbo atinado, si bien era manifiesto que en su historia nunca hubo uno fijo, hacía un par de años que le costaba redondear un proyecto que terminase moderadamente bien. Pero era perseverante y siempre encontraba una razón para seguir creyendo en él. Todavía mantenía intacta su buena disposición para enfrentar sus denigrados males, que en otros tiempos no hubiese llamado ni siquiera su atención, y conservaba su ánimo, que parecía irrompible y siempre dispuesto para volver a comenzar, pero su secreto más importante radicaba en su interminable imaginación, a quien seguía alimentando a pesar de los fracasos... era gracias a ella que siempre lograba empachar los agujeros que le provocaba cada frustración. El yugoslavo lo primero que dijo fue que se había olvidado la plata, que al otro día o al subsiguiente pasaría por su casa para dejarla. Ramón por fuera ni se inmutó: "... No hay apuro yugos, mañana, pasado, cuando puedas...". Sabía que si le comentaba a Aurelio el real apuro que tenía por el dinero, éste lo iría a buscar de inmediato. Pero no, él pretendía bancarse el destino crudamente, como éste cayese, y demostrando siempre que lo trivial poco y nada le importaba... Era incapaz de pedirle a un amigo plata, aunque esta le perteneciese. Ramón defendía con intransigente fe, un conjunto de premisas por él mismo redactadas y que formaban su propio credo. Indudablemente, la antes mencionada era una de aquellas. "La tristeza es la muerte lenta de las simples cosas", reza el tema, y por aquellos días, la estrofa parecía empecinada en querer materializarse en cada amanecer de su vida La conversación se estiró cerca de dos horas y en ella el yugos fue un simple espectador, o mejor dicho un buen oyente, porque su viejo amigo se las ingenió para relatar en esos cientos de minutos, una buena dosis de sus últimas vivencias y lo invadió con sus inagotables proyectos. Ramón sentado a la mesa y con su vaso de ginebra delante, buscó de inmediato tema de conversación... aunque ésta implicase solamente de su intervención. Lo primero que mencionó después de relativizar el asunto del dinero, fue el recuerdo que le trajo la cantina de su "amiga" Alicia. El distante relato atrajo otros recuerdos y así, atando imágenes, remontó sus días hasta su presente, al que mencionó en forma fugaz, tal vez porque le costaba reconocerlo como suyo y, tras otra medida de ginebra, se dedicó a pergeniar un activo futuro. Y entonces habló de exposiciones y cuadros por vender, y hasta de un campito para disfrutar con sus hijos... Aurelio cada tanto metía un bocadillo, escuchaba y consentía. A Ramón lo conocía del secundario, y con los años había aprendido a respetar sus sueños... Cuando jóvenes, era común verlos discutir de política en la plaza del barrio o a la salida de algún baile,... y nunca lograban ponerse de acuerdo. Ramón le decía gorila y él le contestaba subversivo o monto... Mas tarde la vida iba a separarlos por largos once años,... y en ese transcurso de tiempo cada uno formó su hogar y tuvo sus hijos y vivió todo aquello que es común a la vida tantos hombres, y cuyos resultantes a su vez las hace tan peculiares... El con sus cuarenta y cuatro abriles sentía que sus sueños mas importantes estaban culminados: una buena mujer, una relación duradera, hijos sanos y bien formados, una situación económica holgada y estable, un reconocimiento de sus vecinos como buena persona... Ramón en cambio había vivido deambulando de sensación en sensación y se podía afirmar que, a excepción de la vida de sus dos hijos, nada en su historia tenía una meta marcada o pergeniada. Había roto su matrimonio y abandonado sus estudios universitarios, nunca se interesó por tener un trabajo estable o bien remunerado. Si trabajaba era tan solo para costearse su carrera de pintor autodidacta y para no aparecer como un aislado de la sociedad. A diferencia de su gran amigo, todavía no sentía que había cumplido con su destino... Cerca de las diez de la noche el yugos levantó campamento. Era hora de cenar y su mujer lo estaba esperando. Como había prometido, lo acercó a Ramón hasta donde estaba su auto, previa pasada por la estación de servicios y cuando el viejo peugueot arrancó, se despidió no sin antes recordarle que bien temprano pasaría por su casa a dejarle el dinero. Ramón lo contempló irse desde el frío habitáculo de su auto y entendió que ya era hora de regresar a su realidad. Dispuso ponerse en marcha, pero antes, trabó con un viejo destornillador doblado que siempre llevaba bajo su asiento, al vidrio de su puerta que estaba falseado y se bajaba sólo. En el camino, encontró un almacensito abierto y bajó a comprar un paquete de espaguetis y un cuarto de queso Mar del Plata. Por suerte, su amigo se había hecho cargo de la cuenta de la cantina y por eso mantenía los cuatro mangos en sus bolsillos. "Son tres con ochenta", le mandó el viejo que despachaba envuelto en un delantal que alguna vez había sido blanco y que llevaba un toscano de hoja como pegado a su boca. Ramón pago con sus dos billetes de dos e hizo como si se acomodaba los bolsillos y decía "esta bien, esta bien...", pero en realidad esperaba las monedas. "Ma´ no tengo, te doy unos caramelos..." dijo el viejo y estiró su mano con cuatro masticables de menta. Ramón le sonrió y se los guardó en el bolsillo de buenas ganas,... le gustaban los caramelos de menta. De nuevo al volante de su amado cascajo, adelantaba el tiempo pensando que haría cuando en unos minutos llegase a su casa. Hizo entonces una especie de lista o catálogo de prioridades: prender la estufa, encender el televisor, (recordó que esa noche pasaban una película que siempre había querido ver), poner la olla con agua a calentar y mientras, degustar el buen tinto que tenía en la heladera hacía unos cuantos días. Después de la cena y la cinta, si el cuerpo aguantaba, empezar a esbozar la próxima tanda de aguadas para el ruso de la galería. Estacionó el carromato de cola en la entrada del garage, dejando la trompa del auto apuntando hacia la calle. Todas las noches se tomaba el mismo trabajo, previniendo que al loco le costaba arrancar en las mañanas de frío y entonces, de esta forma, aprovechaba la inclinación de la vereda para empujarlo fácilmente. Sufría este percance desde que reformó en taller su vieja cochera. La solución era techar la entrada al garage, comprar una batería nueva, o esperar el próximo verano con sus amaneceres calurosos... Prefería la primera opción pero sus finanzas lo alentaban a que elija la última. Pero en realidad este no era un problema que le preocupara demasiado, sólo reaccionaba mal alguna mañana, y se la agarraba contra el condenado auto puntiandolo un poco o golpeando con su puño el tablero, cuando en honor a la verdad, eran otras las realidades que lo sacaban de quicio y amargaban en serio la existencia. Cenó sus tallarines y bebió su vino fino, y disfrutó plenamente del film tan esperado. Una vez levantada la mesa, encendió el equipo de sonido para escuchar unos viejos cassettes de rock grabados por él mismo. Luego desplegó sobre el amplio tablero de dibujo, un verdadero continente de pinceles, lápices, hojas y pomos de pintura. Acto seguido se acomodó en su butaca favorita y dejó a sus dedos jugar con un lápiz negro sobre el papel... Y trazo sobre trazo emergió de su genialidad, para que las figuras, caras y paisajes tomaran cuerpo y se desarrollaran con mínimos detalles sobre aquella cartulina manosiada. Y cada imagen que brotó de su inspiración, fue plasmada con inmensa realidad por su don de artista y entonces cada línea se convirtió en un alivio a su razón y cada figura terminada interpretó la grandeza de su espíritu y la conclusión de cada obra representó la concreción de un sueño... y cada sueño fue un pedazo de felicidad... por que la felicidad no se razona, se siente... Ramón Peralta disfrutaba a pleno cada segundo, y en cada pincelada su corazón se estremecía experimentando la sublime sensación que impone al espíritu la invasión de la felicidad... Y cuando los primeros rayos de sol se filtraron por el ventiluz del espontáneo atalier, lo descubrieron dormido sobre un colchón improvisado de almohadones, rodeado de pinceles todavía húmedos y pomos de acrílico abiertos de los que huían magníficos aromas. Exhausto en el piso, atiborrado de placer y lujurioso de voluptuosidad, él soñaba con un nuevo día... Sobre una esquina de la mesa descansaban los nuevos cuadros que, como tesoros vírgenes, eran esperanzas frescas sedientas de fama y de fortuna y en otra esquina cuatro caramelos masticables de menta. Un valioso capital, nada despreciable en el alma de un artista.
_________ FIN __________

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